Alzheimer, la huida de los recuerdos

Un grupo de ancianos participa en una clase de la yoga de la risa en el centro de cuidado de personas mayores Santovenia en Kendall, Florida. La yoga de la risa se ha convertido en una alternativa para fortalecer el sistema inmunológico de pacientes de alzheimer. Foto EFE

Beatriz no quiere olvidar el día de su boda ni Anthony el primer viaje en la playa con sus amigos. A Sheena le gustaría recordar siempre a su perro Max, a Sandra las tardes de su infancia acompañada por su madre y su abuela y a Jorge el nacimiento de su hija. Ricardo rememora con especial cariño su primer concierto, ese al que sus padres no querían dejarle acudir porque era muy pequeño. Pero al final su abuelo apareció en la puerta del colegio con dos entradas en el bolsillo.

Todos ellos han confiado sus experiencias a la web “bancoderecuerdos.es”, por si un día se borran de su memoria. Este espacio virtual, creado por iniciativa de la Fundación Reina Sofía, permite donar los propios recuerdos en formato de texto, foto o vídeo o bien apadrinar los de otra persona. Los beneficios obtenidos se destinan a la investigación sobre la enfermedad de alzheimer.

El alzheimer es “una enfermedad neurodegenerativa asociada a la alteración de dos proteínas constituyentes de las neuronas. Tales proteínas se denominan beta-amiloide y tau”, explica Guillermo García Ribas, miembro del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología.

Se produce una degeneración precoz de las neuronas del cerebro, lo que desemboca en una pérdida de neuronas. “Las neuronas que inicialmente se pierden son las que tienen que ver con nuestra capacidad para recordar cosas”, añade.

Al principio, los pacientes con enfermedad de alzheimer tienen un trastorno fundamental de la memoria al que progresivamente se suman alteraciones en el carácter y en las capacidades para desarrollar su vida diaria, comenta el neurólogo.

Existen enfermedades neurodegenerativas que afectan a otras neuronas y por lo tanto sus síntomas iniciales suelen ser diferentes. En algunas de ellas la capacidad de movimiento es la primera en verse afectada, otros pacientes son incapaces de orientarse en el entorno mientras otras patologías cursan con alteraciones conductuales y el enfermo comienza a tener obsesiones y delirios. “Pero, con mucho, la enfermedad neurodegenerativa más frecuente que hay es el alzheimer”, afirma el doctor García Ribas.

Según el informe mundial sobre esta enfermedad, de 2010, este año hubo unos 35,6 millones de personas con demencia, una cifra que casi se duplicará cada veinte años llegando a alcanzar los 65,7 millones en 2030 y los 115,4 millones en 2050.

Bajo el lema “las caras de la demencia”, el 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer con el objetivo de promover el apoyo a las personas que padecen esta enfermedad y a sus cuidadores.

“El alzheimer es una enfermedad larga y compleja que exige mucho del cuidador. Si no se reserva para sí mismo un espacio de vida propio, corre el riesgo de enfermar también”, comenta María Jesús Morala, miembro de Afal Contigo, una asociación de familiares de personas con alzheimer.

Cuando un paciente recibe un diagnóstico de alzheimer, sus allegados deben acudir a una de estas asociaciones, según recomienda Morala. Allí serán atendidos por un trabajador social que les ofrecerá información ajustada al caso concreto de cada familia y les ayudará a solicitar los servicios públicos y privados disponibles.

EL RIESGO DE OLVIDAR

Arsenio Hueros es el presidente de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Extremadura (España). El principal objetivo a la hora de trabajar con quienes padecen el mal de alzheimer es que “todo lo que corre el riego de ser olvidado se mantenga el mayor tiempo posible”, explica.

Un fin que tratan de conseguir a través de la estimulación cognitiva. Esto consiste en plantearle al enfermo “una serie de problemas y actividades que pongan en funcionamiento su cerebro”, señala Hueros. Realizar trabajos manuales, construir frases o pensar en ciertas cosas forma parte de esta estrategia.

Pero también tratan de ayudar a los pacientes a mantener los recuerdos a través de la terapia de la reminiscencia. Se trata de “hacerles recordar cosas de su pasado más lejano porque sabemos que en la enfermedad de alzheimer los recuerdos próximos son los primeros que se pierden”, sostiene.

Esto puede conseguirse mediante la música. “Intentamos que, escuchando canciones de su época, puedan retrotraerse a aquellos tiempos, con lo que ponen en funcionamiento su cerebro”, declara el presidente de Afaex.

No obstante, “existen muchas más terapias. Algunas tratan de estimular los sentidos, pues los enfermos de alzheimer también van perdiendo la percepción de lo que tienen delante”, asegura.

“El consejo que les damos a las personas que tengan un familiar con alzheimer es que le mantengan activo mentalmente porque eso es lo que hará que la enfermedad no sea tan insidiosa”, apunta.

Por ahora, esta enfermedad no se puede prevenir, pero se sabe que las personas que llevan a cabo determinados hábitos de vida son menos propensas a desarrollarla. “Los pacientes que hacen actividad física diaria tienen menos probabilidades de tener enfermedad de Alzheimer que aquellos que llevan una vida sedentaria. Pero no vale de nada hacerlo de anciano, hay que empezar de adulto joven”, advierte el doctor García Ribas.

“Las actividades sociales, tales como tener un grupo de amigos, salir, conversar e interactuar con otras personas también podrían ser preventivas para la enfermedad de alzheimer”, declara el especialista.

Aunque más difícil de cuantificar, los expertos creen que la dieta mediterránea, rica en verdura, pescado y ácidos grasos insaturados, también podría servir a este fin. “Es la misma dieta cardiovascular y, probablemente, los factores de riesgo vascular como el colesterol, el sedentarismo, el tabaco y la diabetes también incidan en que haya un desarrollo más precoz de la enfermedad de alzheimer”, señala el neurólogo.

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