(Entrevista) Pablo Martínez Martín,

MADRID, 04 (SERVIMEDIA)

Pablo Martínez Martín es el director científico de la Unidad Multidisciplinar de Apoyo (UMA) de la Fundación Centro de Investigación en Enfermedades Neurológicas (Cien), que pretende establecer un nexo entre los campos de las ciencias básicas y los campos de las ciencias clínicas y sociales para impulsar el conocimiento en torno a las demencias neurodegenerativas y su aplicación. Los profesionales de la UMA mantienen un contacto diario con los pacientes que son atendidos en el Centro Alzheimer de la Fundación Reina Sofía (Cafrs) y con las personas encargadas de las tareas asistenciales de estos pacientes.

¿Qué es la UMA?

La UMA está constituida por seis especialidades diferentes, y es la forma en que integramos el trabajo de los profesionales del área asistencial del Centro Alzheimer de la Fundación Reina Sofía (Cafrs) con las labores de investigación que se llevan a cabo desde la Fundación Cien. Las especialidades representadas es este área son la neurología, psiquiatría, neuropsicología, geriatría, fisioterapia y sociología. En todos los proyectos que se desarrollan en el Cafrs trabajan pues investigadores y profesionales asistenciales en conjunto.

¿En qué consiste la relación de la unidad de investigación con los pacientes del Cafrs?

Siempre que haya autorización por parte del paciente, se está realizando una evaluación semestral, cuyos resultados pasan a formar parte de una base de datos que estamos elaborando para actuales y futuras investigaciones. Así, cuando se les practican análisis de sangre, por ejemplo, y siempre previa autorización del paciente, se le retira una muestra de sangre para investigación, que se almacena y se clasifica para que posteriormente, y en función de los distintos avances que va habiendo, sirva como muestra.

Si el paciente ha dado además permiso para la realización de resonancias magnéticas, se les intenta hacer una prueba al año, y si hay permiso para que cuando fallezcan se done el cerebro al Banco de Tejidos, se procede a su extracción, frecuentemente en un tiempo récord y, en consecuencia, con una calidad excelente de la muestra, dada la proximidad entre la residencia y las instalaciones del Banco.

De cara a futuro, toda esta información es casi un “tesoro”, el poder disponer de tejidos cerebrales a los que se suman los datos históricos y clínicos, las muestras de sangre y las resonancias magnéticas para la investigación.

En la actualidad ya estamos utilizando estas muestras por ejemplo para el estudio de posibles biomarcadores –gracias a las muestras de sangre y tejidos cerebrales- tanto dentro de la Fundación Cien como fuera de nuestra institución, en base a la colaboración existente con el Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Neurodegenerativas (Ciberned), algunas universidades, e incluso compañías que se sirven de dichas muestras para la investigación sobre nuevos medios diagnósticos y fármacos.

¿Qué porcentaje de pacientes dan su consentimiento para la participación en estas pruebas?

En lo que respecta a las pruebas más comunes, contamos con el consentimiento de alrededor de un 85 o 90% de los pacientes, y para la donación de tejidos cerebrales hablamos aproximadamente la mitad de los mismos.

El objetivo principal de la UMA es “establecer un nexo entre los campos de las ciencias básicas y los campos de las ciencias clínicas y sociales”. Con esto, se pretende impulsar el conocimiento en neurodegeneración y, sobre todo, impulsar la aplicación de estos conocimientos, para conseguir un mejor tratamiento para quienes padecen enfermedades neurodegenerativas. ¿Cómo se hace efectiva esta conexión entre investigación básica, investigación clínica y paciente?

La UMA es un eslabón de lo que llamamos investigación traslacional; de cómo se trasladan las investigaciones más básicas realizadas en el laboratorio, a nivel molecular, celular o con animales de experimentación a la práctica clínica. Nosotros somos en cierto modo un ejemplo de esta translación, desarrollamos lo que se llama investigación aplicada, más “al pie de la cama”. Pero precisamente porque somos donantes de material e información crucial para el campo de la investigación básica, podría decirse que “tenemos un pie puesto en ella”.

Por la misma razón, somos también un buen candidato para aquellos proyectos que precisan realizar ensayos clínicos, como puede ser el supuesto de probar el efecto de medicamentos en pacientes. En estos casos, facilitamos que en aquellos tratamientos en los que resulta muy difícil hacer un estudio en profundidad en pacientes, o hacer resonancias de gran calidad, dicha evaluación pueda derivarse aquí.

Asimismo, desde la Fundación Cien estamos probando algunos tipos de terapias no farmacológicas, que supone otra modalidad de ensayo clínico, con robots aplicados a terapias de diverso tipo o con estimulación por radiofrecuencia. Al fin y al cabo, nuestro objetivo radica en trasladar al ámbito clínico los avances que se derivan de otro tipo de investigaciones.

Una de las líneas principales de investigación de la Fundación Cien y la Fundación Reina Sofía es la de la detección precoz del alzheimer. ¿Qué estudios están realizando desde la Fundación Cien en este sentido?

En este sentido destaca sobre todo el Proyecto Vallecas. Es un proyecto que va a evaluar 1.200 personas entre 70 y 85 años de edad anualmente durante un periodo de cinco años, con el objetivo de que transcurrido dicho tiempo se puedan estudiar los datos de las personas que se hayan demenciado, así como compararlos con los que no lo hayan hecho. El objetivo final es el de establecer un perfil de manifestaciones que diferencia a aquellos pacientes que en ese tiempo han desarrollado una demencia con los que no lo han hecho. Eso puede permitir la identificación de personas en alto riesgo de presentar demencia en pocos años y, secundariamente, establecer un perfil de “control” en aquellas personas que seguidas durante cinco años mantienen intacto su estado cognitivo.

¿Cómo se evalúa a estos voluntarios?

La evaluación incluye un amplio estudio de sus antecedentes familiares, personales, de hábitos de vida etc., además de una exploración clínica neurológica, neuropsicológica, sobre todo enfocada a encontrar “el primer indicio de”. También se practica extracción de sangre, para su procesamiento y conservación con la idea de dado el avance que está teniendo este campo en relación al funcionamiento y cambios en el cerebro proceder dentro de unos años al análisis de dichas muestras. Dentro de algunos años podremos hacer mejores determinaciones analíticas de las que podemos realizar hoy, y es por ello que tanto en este proyecto como en las extracciones de las revisiones semestrales de los residentes, anteriormente comentadas, la clasificación y almacenamiento de muestras con vistas al futuro es una de nuestras prioridades.

¿Qué otros aspectos del alzheimer estudian?

Cada departamento tiene sus propias líneas de investigación, aparte de proyectos conjuntos como puede ser el Vallecas. Así, por ejemplo, el laboratorio de postproceso de imagen trabaja en resonancia funcional, identificación de conexiones y áreas cerebrales que ante determinados estímulos manifiestan actividad apreciable por resonancia o la conectividad de las distintas áreas cerebrales entre sí. Asimismo, desarrollan y estudian nuevas formas de análisis de dichos datos, para lo que su equipo se compone de profesionales tan diversos como matemáticos, informáticos o físicos.

En el laboratorio las investigaciones están principalmente enfocadas a la identificación de biomarcadores y el estudio del genotipado. El área de neuropatología se dirige al diagnóstico final y exacto de los cerebros que recibe el banco de tejidos tanto de donaciones internas como externas, así como al almacenamiento y clasificación de muestras de tejidos que hoy, y en el futuro, sirven para el estudio de la patología en humanos.

Los psiquiatras trabajan temas de apatía en demencia avanzada, los neuropsicólogos en diversas aproximaciones relacionadas con alteraciones cognitivas específicas y colaboran con la socióloga al estudio de la calidad de vida relacionada con demencia. En definitiva, existe un gran número de proyectos y líneas de investigación dentro de la UMA, en la que en 2012 había 44 proyectos en marcha –entre los propios y los desarrollados en colaboración con otras entidades-.

¿Cuáles han sido los principales avances en investigación básica y clínica relacionados con la EA y otras demencias? ¿Qué cambios en el diagnóstico o el tratamiento han provocado o pueden provocar en el futuro?

Uno de los avances en mi opinión más importantes en el último lustro es el propio concepto de enfermedad de Alzheimer. Por ejemplo, en el caso de la enfermedad de Alzheimer determinada genéticamente, se considera como enfermo a una persona que porte una mutación determinante, aunque aún no haya desarrollado los síntomas de la enfermedad. Esto ha traído como consecuencia que en Antioquia, Colombia, donde se concentran muchas familias portadoras de una de estas mutaciones, se estén llevando a cabo ensayos clínicos en portadores asintomáticos con terapias que pretenden frenar el desarrollo de la enfermedad en el futuro.

¿Qué posibilidades existen para la prevención o tratamiento del alzheimer?

Actualmente hay muchos indicios de lo que puede ser beneficioso o perjudicial. Aunque no hay evidencia definitiva sobre este tema, una vida activa en plano físico, mental y social, y una dieta sana y equilibrada (tipo “dieta mediterránea”) se han propuesto como saludables y con cierto efecto “protector” sobre la demencia, en general, y también sobre la enfermedad de Alzheimer.

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