La evolución del Alzheimer es progresiva y va quemando etapas muy concretas

LOS TRES ESCALONES

Desde que mis padres fueron diagnosticados como pacientes de la Enfermedad de Alzheimer todos los adultos de la familia hemos ido aumentando nuestro conocimiento sobre esta patología. Cursos, talleres y libros nos han ayudado a ir reconociendo síntomas, entendiendo actitudes, preparando estrategias y mejorando los recursos internos y personales.

Esta enfermedad supone un trance tan duro y amargo para los que rodean al enfermo que todo lo que se pueda hacer para amortiguar el daño emocional nunca será bastante.

Personalmente creo que la información es una buena ayuda en este sentido. Nos da recursos para afrontar lo que hay y nos prepara para lo que vendrá. Por eso he querido recordar las tres grandes fases que se aprecian en el transcurso de la vida de un paciente de Alzheimer.

Un hecho innegable es que esta enfermedad no es igual en sus efectos en cada afectado. No hay dos enfermos iguales como no hay dos enfermedades de Alzheimer iguales. Así pues, dejando aparte las peculiaridades de cada caso, se distinguen tres fases diferenciadas a lo largo de la vida de un enfermo de E.A.

Fase I

• Percepción personal de que se comienza a perder la memoria. (Algunos enfermos verbalizan este hecho, mientras otros tratan de ocultarlo)
• Dificultad para recordar hechos de cierta importancia, ligera desorientación del tiempo y el espacio.
• Dificultad para nuevos aprendizajes y para adaptarse a nuevos entornos. (Los cambios no suelen ser bien recibidos)
• Problemas para encontrar la palabra precisa, que puede producir una cierta frustración y que es el origen de una preferencia por frases cortas.
• Ligeras dificultades en la escritura y en operaciones de cálculo.
• Cambios ligeros de personalidad y carácter.

Fase II

• Desorientación grave del tiempo y el espacio. En esta fase pueden perderse fácilmente, no saben donde están ni como regresar a su casa.
• Dificultad para reconocer lugares muy habituales y confusión con la ubicación.
• Pérdida de la noción del tiempo, del día y la noche.
• Percepción errónea de distancias y tiempo, no se sabe el momento que se vive: verano o invierno, mañana o tarde…
• Dificultades importantes para el aprendizaje de cosas sencillas.
• No se reconocen personas, lugares, objetos, incluso, en ocasiones, no se reconoce ni la propia imagen en el espejo.
• Problemas serios para realizar las actividades básicas de la vida diaria.
• Empobrecimiento significativo del lenguaje y tendencia a permanecer en silencio.
• Mayores dificultades para la escritura con la pérdida progresiva de la caligrafía.
• Conductas impredecibles, agresividad, agitación y fobias.

Fase III

• Grave afectación del lenguaje hablado y escrito. No hay prácticamente comunicación ni oral ni escrita.
• Pérdida total de la noción del tiempo y espacio con desorientación total tempo-espacial.
• Incapacidad para reconocer el propio cuerpo y sus necesidades. No se distingue si se tiene frío o calor, hambre o sed, etc…
• Pérdida total de memoria, a excepción de la afectiva.
• Graves trastornos del movimiento, se puede llegar a la inmovilidad total.
• A medida que avanza la enfermedad se puede llegar a una desconexión total del mundo.

Sabemos donde estamos, y tratamos de prolongar esta fase todo lo posible. Sabemos lo que vendrá y pedimos al cielo que tarde en llegar.

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