Los adelantos en la exploración del cerebro suscitan conflictos éticos

ABC Digital

PARÍS (AFP). Hay que prever “un aumento de las demandas de suicidio asistido” en caso de diagnóstico precoz, antes de los primeros síntomas, de esta enfermedad neurodegenerativa, advirtió la siquiatra y filósofa Anne Fagot-Largeault, durante su audiencia hace unos días, por la Oficina Parlamentaria de Evaluación de las Decisiones Científicas y Tecnológicas (OPECST).

“Se deberá entonces discutir de nuevo la legitimidad de ayudar a la gente a morir”, advirtió.

Más globalmente, “si la gente y sus familiares” saben “que tienen el cerebro en malas condiciones”, podría plantearse la cuestión de su acceso al sistema bancario y de su inclusión en “una vida democrática” (votación, decisión) según Fagot-Largeault.

Sin embargo, tener una predisposición a una enfermedad neurológica no da la certeza de que se sufrirá de ella, pues es algo “aleatorio, potencial”, recalcó Hervé Chneiwess, del Centro de siquiatría y de neurociencias de la Facultad de Medicina París-Descartes.

“Actualmente estamos aún en una incertidumbre científica en lo que respecta a la diferencia entre envejecimiento normal y envejecimiento patológico”, añadió.

“En autopsia post mórtem, la mayoría de la gente posee placas seniles, aun cuando no sufran de la enfermedad de Alzheimer”, indicó. ¿Habrá que tratar a todas las personas a las que se detectan esas placas seniles o amiloides?

El neurólogo Yves Agid insistió en la necesidad de proteger la vida privada, la confidencialidad, cuando hay cada vez más imágenes del cerebro en funcionamiento (imagen por resonancia magnética, IRM funcional) procesadas por computadoras.

Al referirse a la “peligrosidad” potencial de algunas investigaciones, Agid citó artículos científicos que hacen creer que se han hallado “las bases neuronales de las decisiones” o “el bien y el mal” en una zona de la corteza cerebral.

“Pese a los adelantos en el conocimiento del cerebro, sigue siendo una ilusión creer que se podrían predecir los pensamientos de nuestro prójimo”, señaló, por su parte, Philippe Vernier, presidente de la Sociedad Francesa de Neurociencias.

Hay no obstante un riesgo de “intrusión en la vida privada”, según Agid, cuando se hacen estudios que buscan caracterizar tendencias humanas a la depresión o un carácter de tipo obsesivo, por ejemplo.

Los resultados se calculan a base de promedios, sin un verdadero poder de predicción individual, dicen los investigadores. Y la medida de la actividad del cerebro sigue siendo indirecta, ya que el IRM funcional se basa en el flujo sanguíneo cerebral.

Y “todos tenemos cerebros diferentes”, insistió Olivier Oullier, recalcando que muchos estudios se basan en un muestreo bastante limitado.

Más allá de los IRM, la exploración interna del cerebro, a través de electrodos implantados para curar o detectar un foco epiléptico, también plantea asuntos éticos.

En el mundo, 100.000 pacientes afectados de la enfermedad de Parkinson o de otras perturbaciones son tratados gracias a una técnica de estimulación cerebral profunda a través de electrodos implantados, según el siquiatra Luc Mallet, del Instituto del Cerebro y de la Médula Espinal, en París.

Al cambiar los parámetros de estimulación, pueden aparecer modificaciones del comportamiento (estado depresivo reversible, estado de excitación, de euforia). También es posible, precisó Mallet, activar “pequeñas zonas cerebrales ligadas a los procesos de decisión o de motivación”.
3 de Julio de 2011

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