Más de 7.000 km sobre la huella del olvido

Asociaciones de afectados impulsan la aventura de diez meses que el periodista relatará en un ‘blog’

Donostia. Guillermo Nagore tiene 44 años y un perfil que no se ajusta al de un deportista. Pero por circunstancias de la vida, este curtido periodista pamplonés emprenderá en marzo un viaje que le llevará a atravesar caminando el sur de Europa para llegar hasta Jerusalén partiendo desde el faro de Finisterre, en Galicia. Cruzará 15 países y recorrerá un total de 7.050 kilómetros en diez meses y medio (45 semanas). Una “bomberada” denominada La Memoria es el Camino que se desarrollará bajo el patrocinio de la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Personas con Alzheimer y otras Demencias (Ceafa).

A lo largo de su camino, Nagore recopilará y escribirá en un blog “pequeñas historias humanas” en torno a la enfermedad de Alzheimer, ese “ladrón de recuerdos” que afecta a 3,5 millones de personas en el Estado, entre enfermos y familiares cuidadores. Para ello, en los distintos lugares por los que pase contactará a través de la Ceafa con otras asociaciones que trabajan en el ámbito de esta enfermedad. Con esos testimonios, que también prevé divulgar a través de distintos medios de comunicación, se buscará, además de sensibilizar sobre los efectos y consecuencias de esta patología, reclamar una política de Estado al estilo de la que la Dirección General de Tráfico ha llevado a cabo en los últimos diez años y que ha permitido reducir un 60% el número de fallecidos en las carreteras. “El alzheimer es un problema grave que va a ir a más y que va a afectar a mucha gente”, advierte el periodista navarro, que en los últimos seis años ha trabajado como redactor jefe en NOTICIAS DE GIPUZKOA.

Pero ahora la labor que le ocupa es otra: prepara el viaje de su vida, un “sueño” que un día se le pasó por la cabeza y, sin esperarlo, se convirtió en realidad gracias a la Ceafa. Porque, como él suele decir, hay que hacer frente al “pozo del olvido permanente”, a ese “ladrón de recuerdos” que es el alzheimer. No obstante, entre los preparativos del viaje, lo que más le quita el sueño es la búsqueda de patrocinadores. Porque la confederación es el alma máter del proyecto, la que aporta el leitmotiv, la causa social, pero para conseguir fondos la entidad y el propio Nagore están tocando diferentes puertas que puedan contribuir a hacer realidad este camino en contra del olvido.

desandando el camino Respecto a la preparación física para afrontar esta “aventura”, Nagore resta importancia a la hazaña. “Cualquier persona que haga deporte sabe que caminar entre 20 y 25 kilómetros al día, como es mi intención, no requiere un gran esfuerzo físico. Es lo que hacen los jubilados. Es una cuestión más mental”, admite. Por eso, su estrategia se va a basar en pensar solo en la meta de ese día o, “como mucho, en la del día siguiente”, una táctica muy empleada entre los peregrinos del Camino de Santiago. No en vano, Nagore recorrió el Camino francés (de Roncesvalles hasta la ciudad compostelana) hace diez años y, según confiesa, “le fascinó”. De hecho, este periplo tiene mucho que ver con el proyecto que emprende ahora, ya que a lo largo del Estado aprovechará el Camino de Santiago, pero en este caso el del Norte entre Finisterre e Irun, para afrontar la primera parte de su particular ruta. Más bien lo desandará, puesto que lo realizará en dirección contraria.

Una vez llegue a Irun, en la semana séptima de la ruta, aprovechará parte del Camino Baztanés para llegar a Pamplona y conectar con el Camino Aragonés hasta la muga con Francia, en Somport, donde enlazará con la Vía Tolosana, una de las cuatro rutas del Camino de Santiago que pasan por Francia. Por lo tanto, las rutas que han sido transitadas a lo largo de los siglos por los peregrinos que acudían en busca de los restos del santo serán parte importante de la trayectoria del periodista, ahora convertido en aventurero.

Ahora bien, en el cuarto mes cruzará la frontera francesa para llegar al norte de Italia, donde atravesará la zona del Piamonte y Lombardía hasta Trieste, en la frontera con Eslovenia, país en el que permanecerá dos días antes de llegar a Croacia.

Hasta entonces, prácticamente, habrá recorrido buena parte del camino que entre 1999 y 2000 hicieron los madrileños Miguel Ángel Jimeno y Juan Francisco Fernández entre la capital española y Jerusalén. Sin embargo, por aquel entonces estos caminantes no pudieron atravesar los Balcanes, que se encontraban todavía en plena guerra.

El trazado por los países que comprenden la antigua Yugoslavia será nuevo para este avezado aventurero, que aprovechará también esta circunstancia para visitar Srebrenica y escribir sobre la masacre que allí se produjo en 1995, cuando asesinaron a 8.000 personas, principalmente varones bosnios musulmanes. Cruzando Bosnia, Serbia, Kosovo, Macedonia y Grecia, llegará hasta Turquía, el país que comprende más kilómetros del recorrido (2.200). Pero el obstáculo al que se puede enfrentar Nagore en su deambular es Siria, un país aislado del exterior tras las revueltas internas que surgieron a raíz de la primavera árabe. Aunque tiene claro qué hacer: “Yo no soy ningún héroe, por lo que si veo que me van a pegar tres tiros, cogeré un barco y me iré directamente al Líbano. Pero Siria me toca dentro de diez meses, así que primero me voy a centrar en lo que tengo por delante”.

Y después de Jordania, llegará a Palestina y, definitivamente, tras 45 semanas caminando, podrá ver a lo lejos la famosa cúpula dorada de la Mezquita de La Roca de Jerusalén y concluir su trayecto entre las estrechas calles de la Ciudad Vieja; y, quizá, celebrar la Navidad en Belén.

Pero Nagore no quiere pensar mucho en la meta, porque en este proyecto más que nunca lo importante no es llegar a Jerusalén. Sin restarle importancia a este hito, lo que centra la atención de la iniciativa es el camino y las historias que vayan surgiendo a su paso. Historias humanas, muchas veces demoledoras, por cuan cruel es el alzheimer, no solo para quienes lo sufren, sino sobre todo para sus familiares. Porque el esfuerzo físico que conlleva, como recalca él, no es para tanto. “Solo consiste en andar”, afirma en su blog personal. “Como diría John Goodman en El Gran Lebowsky, en su sencillez radica su belleza”.

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