Tenemos que diagnosticar el Alzheimer antes de los daños

04.06.11
JESÚS ESCUDERO | GIJÓN.

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«Desarrollar el Alzheimer es como jugar a la lotería de la genética; depende de lo que nos haya tocado». El director del Área de Neurociencias del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), Julio Pascual, utilizó esta analogía durante una conferencia organizada por la Asociación Democrática Asturiana de Familias con Alzheimer (ADAFA) en el centro municipal de El Llano para señalar el gran número de factores genéticos que intervienen a la hora de desencadenar esta enfermedad neurodegenerativa. «Hay muchos genes que intervienen en que tengamos una mayor o menor predisposición para generar el Alzheimer», apuntó Pascual, por lo que afirmó que «en general no hay que hacerse estudios genéticos, ya que influyen tantos genes que un estudio real sería imposible».
El director médico del HUCA diferenció dos tipos de Alzheimer. Por un lado, el hereditario, que apenas representa el 10% de los casos y se da cuando los pacientes sufren los síntomas deterioro de la memoria reciente y la capacidad de aprendizaje, pérdida progresiva de las funciones intelectuales y que el paciente no sea consciente de estas alteraciones antes de los 60 años. El otro tipo, el más habitual, supone el 90% de los casos de Alzheimer al desarrollarse en personas mayores de 60 años.
La principal causa de esta enfermedad en ambos casos reside en la acumulación en el cerebro de la proteína beta-amiloide, fabricada a partir de una mala sintetización de la proteína precursora de la amiloide. En este sentido, un gran número de genes influyen a la hora de potenciar la acumulación de la proteína beta-amiloide en el cerebro, como el APOE-4, cuya presencia puede llegar a multiplicar por quince el riesgo de padecer Alzheimer.
Cinco años de estabilización
Tras estas explicaciones «si no conocemos al enemigo, no podemos diseñar soluciones», manifestó, Julio Pascual comentó los diferentes tratamientos con fármacos que se están llevando a cabo en pacientes con Alzheimer «para lograr una mejoría parcial y la estabilización de los síntomas entre dos y cinco años». El director del Área de Neurociencias del HUCA enfatizó que «no hay ningún tratamiento curativo». Y aseveró: «Una vez que el Alzheimer se haya desarrollado, habremos llegado tarde».
Pascual explicó esta circunstancia con la investigación para hallar la vacuna contra el Alzheimer, en la que si bien la mayoría de pacientes falleció al desarrollar una encefalitis como efecto secundario, en aquellos que sobrevivieron la vacuna sí consiguió eliminar la acumulación en el cerebro de la proteína beta-amiloide, pero no permitió recuperar las facultades mentales. Por todo ello, Pascual aseguró que «el futuro pasa por diagnosticar el Alzheimer antes de los síntomas y los daños cerebrales».

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