TRATAR AL PACIENTE YA ENFERMO NO ES EFICAZ

MADRID, 2 Feb. (EUROPA PRESS) –

El uso de nuevos marcadores clínicos, como determinados parámetros en el líquido encefalorraquideo, imágenes de resonancia magnética o la detección de pérdidas de memoria semántica —alteraciones en el almacenamiento de las palabras—, permitirá la detección precoz del Alzheimer y su tratamiento en fase preclínica. Así se mejorarán los resultados, pues tratar al paciente ya enfermo no es eficaz.

Esta es una de las principales conclusiones de la VII Reunión Internacional sobre Investigación Traslacional y Medicina Personalizada, que ha organizado este jueves la Fundación Jiménez Díaz, en colaboración con el Instituto Roche.

En la actualidad, se plantean muchas dudas sobre el abordaje del Alzheimer, que afecta a más de 600.000 personas en España. Los expertos nacionales e internacionales reunidos en Madrid coinciden en señalar que la Medicina Personalizada va a introducir importantes mejoras en el manejo de este trastorno.

En la conferencia magistral, el profesor Bruno Dubois, del Hôpital de la Salpêtrière de la Université Pierre et Marie Curie (Paris), ha destacado la neesidd de adoptar “un nuevo algoritmo diagnóstico” y “un marco conceptual distinto”. “Esta enfermedad debe ser considerada como un continuo, desde los estadios preclínicos hasta la aparición de la demencia tipo Alzheimer: es una entidad clínica y sintomática única que abarca tanto fases de predemencia como de demencia”, asevera.

“Aparte del fenotipo clínico típico, con una presentación amnésica, ahora sabemos que hay subtipos fenotípicos atípicos, entre los que se incluyen las afasias logopédicas y la ralentización del lenguaje, la atrofia cortical posterior y la variante frontal de la enfermedad de Alzheimer”, dice.

Desde el punto de vista diagnóstico, este especialista defiende la necesidad de “pasar del concepto clásico, en el que esta enfermedad se concibe como una entidad clínicopatológica dual, a diagnosticarla como una entidad clínico-biológica”. Para el doctor Dubois, “esta variación se debe a que ahora puede certificarse el diagnóstico ‘in vivo’ en base a la presencia de ciertos biomarcadores patológicos”.

Como nuevos criterios para diagnosticar el Alzheimer propone la evidencia de un síndrome amnésico particular y la presencia de biomarcadores patológicos de Alzheimer. Partiendo de este cambio de concepto, el especialista galo cree que será más fácil diagnosticar precozmente la enfermedad y optimizar así su tratamiento.

Además, Dubois es “optimista” con el futuro del tratamiento de esta enfermedad, que estará marcado por el empleo de fármacos más específicos contra dianas patológicas. En concreto, se muestra ilusionado con las denominadas inmunoterapias pasivas, “que han demostrado reducir el aclaramiento de beta amiloide (anticuerpos específicos que pueden unirse al beta amiloide y promover su liberación del sistema nervioso central)”.

La tasa de deterioro cognitivo se incrementa varios años antes de establecerse el diagnóstico de demencia tipo Alzheimer. Incluso, ahora se ha observado que las placas de amiloide se depositan progresivamente desde etapas iniciales de la enfermedad, un evento que con los nuevos recursos disponibles puede ser demostrado ‘in vivo’, utilizando imágenes estructurales y determinados biomarcadores.

Para el doctor Juan Álvarez-Linera, del Hospital Ruber Internacional de Madrid, “los marcadores de imagen van a jugar un papel fundamental en el diagnóstico precoz de la enfermedad de Alzheimer”. Es más, a su juicio, “el uso de marcadores de imagen, junto con otros biomarcadores, está contribuyendo al desarrollo de nuevos tratamientos”.

Con las técnicas diagnósticas clásicas tan sólo es posible descartar otras causas de demencia, pero son limitadas para detectar precozmente el Alzheimer. “De las técnicas avanzadas, que utilizan la cuantificación de parámetros biológicos, el único marcador de resonancia magnética validado es la volumetría, pero la perfusión, la difusión y la espectroscopia son otros marcadores potenciales que usados en combinación con la volumetría aumentan la fiabilidad en la clasificación de los pacientes”, destaca.

En este campo, “las investigaciones se dirigen tanto a la consolidación de nuevos marcadores de imagen como al desarrollo de nuevos métodos de análisis de datos”.

Otras investigaciones prometedoras en este ámbito proceden de disciplinas incipientes y especialmente innovadoras. El doctor Alejandro Cifuentes, del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación del CSIC (Madrid), presenta en este foro las aplicaciones de una nueva disciplina: la Foodómica.

“La Foodómica emplea técnicas masivas de análisis —la transcriptómica, la proteómica o la metabolómica— para investigar aspectos de los alimentos y la nutrición que eran inabordables hasta hace pocos años”, explica.

Por ejemplo, la Foodómica permite estudiar el efecto de los ingredientes de la dieta sobre nuestra salud, o en la prevención de enfermedades, determinando su interacción a nivel molecular con los genes y su repercusión en la expresión de proteínas y metabolitos, permitiendo comprender las bases moleculares de su influencia en la salud.

En el caso del Alzheimer, “el objetivo a corto plazo es poder estudiar, mediante una aproximación Foodómica, como los alimentos repercuten en la prevención o evolución de esta enfermedad”, “Así, teóricamente, en el futuro se podrá llegar a dar unas pautas a cada individuo sobre la alimentación que le puede proporcionar los mayores estándares de salud y el menor riesgo de padecer esta enfermedad”, señala.

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