Un estudio apunta que el alzheimer es el precio de la evolución cerebral

28 de febrero de 2013.
Efe. Burgos.

En la presentación hoy en Burgos del estudio, que ha sido publicado íntegramente en la revista “Journal of alzheimer’s disease”, Bruner ha asegurado que el estudio abre todo un nuevo campo de investigación sobre el alzheimer desde varios campos científicos.

Ha explicado que aunque hasta ahora se relacionaba el alzheimer con los daños celulares en las áreas temporales y frontales del cerebro, la investigación que han realizado durante los últimos tres años se centran en una fase más temprana de la enfermedad, que se caracteriza por un defecto metabólico centrado en las áreas parietales, donde reside la capacidad cognitiva que diferencia al “Homo sapiens” del resto de animales, incluso de los primates.

El paleoneurólogo del CENIEH ha referido que el mayor cambio en el cerebro en los últimos cinco millones de años se encuentra en el desarrollo de las áreas parietales del “Homo sapiens”, que se sitúan en la parte central superior del cerebro.

La consecuencia es una “gran ventaja cognitiva”, aunque tiene “efectos secundarios” porque al estar en el centro geométrico del cerebro esta zona es propensa a sufrir elevadas temperaturas, que perjudican al cerebro; también requiere mucha actividad vascular, que puede ir asociada a toxicidad; y requiere mucha energía, por lo que puede registrar problemas de metabolismo.

La consecuencia, según Bruner, es que “un motor muy potente y específico de las áreas parietales conlleva también una gran sensibilidad a la neurodegeneración”.

En este sentido, sostiene que los efectos que se han encontrado en las áreas temporales y frontales, asociados al alzheimer, no son la causa de la enfermedad, sino una de sus consecuencias.

Bruner ha detallado que la localización del origen del alzheimer en las áreas parietales explica que la enfermedad no afecte a más especies, porque es una zona exclusiva del “Homo sapiens”.

Sin embargo, ha reconocido que hasta ahora no se ha podido estudiar en qué momento de la evolución apareció este problema, porque no es posible estudiar el cerebro y no se han encontrado marcadores en los huesos del cráneo que puedan dar pistas.

En todo caso, ha considerado “lógico” que la selección natural no haya terminado con el alzheimer, dado que se registra sobre todo en edades avanzadas, cuando ya ha pasado la época reproductiva, por lo que la selección se queda “con la ventaja evolutiva sin tener en cuenta sus efectos asociados”.

El científico ha insistido en que su trabajo no ofrece una cura para la enfermedad, sino una interpretación diferente que ahora requerirá trabajos de varias disciplinas, entre ellos estudios comparados entre primates humanos y no humanos, porque en este momento casi no hay estudios sobre las áreas parietales y son necesarios para localizar las estructuras específicas de nuestra especie.

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